viernes, 6 de diciembre de 2013

La casa limpia por dentro y por fuera.

Primero fue la baja de peso: 63 kilos en total.
Luego fue el cambio de rutina: terminar con el pololo de ocho años, dejar el departamento de soltera, salir por la ventana del único trabajo profesional, suspender el Magíster.
Finalmente están los gustos: soy como una casa más limpia, en la cual no hay nada pero está todo por construir, sobre cimientos firmes y limpios. Me saqué los kilos, me saqué los traumas, me saqué todo.
Quedan en mis gustos los libros de Federico Moccia -que eran relativamente recientes-, Pedro Lemebel, Mario Benedetti, Soda Stereo, Los prisioneros. Ya no como chatarra. Ya no como carne casi. Ya no tomo bebidas. Me gustan los sándwiches de subway, los cafés de starbucks pero sin crema, el sushi, los ceviches de algas.
Soy como un sitio vacío pero ya limpio de malezas.
Antes era una mansión hermosa con pastos y mugres escondidas por todos lados.
Escogí lo último. Esta soy.

Empezar de nuevo

Hace un año atrás, aproximadamente, mi vida empezó de nuevo. Con otro trabajo, otro pololo, otra casa, otra rutina. La que se demoró un año en decantar todo y cambiar por dentro fui yo. Si bien han sido tiempos muy turbulentos, ha sido hermoso ver procesos tan lentos acelerarse de esta manera. Hace un año pesaba 23 kilos más, tomaba medicamentos y empezaba a creer en lo alternativo. Hoy creo 100%, doy fe de ello, estoy más delgada e increíblemente sana. Por mucho tiempo me lo decían "Pero Tammy, de qué te quejas si ahora te vemos tan bien..." pero demoré en darme cuenta. El equilibrio no es cosa fácil y menos para una libra desconfiada como yo. Sólo espero que me dure, que -por favor- vengan tiempos calmos y sobre todo de mucho disfrute :)